La Inspiración (El Trabajo)

La inspiración es una musa que aparece sin avisar. Siempre es mejor que te visite mientras trabajas. Es una idea fundamental que el artista o cualquier trabajador con un carácter creativo debería cultivar. El trabajo. La base de toda gran obra en la vida. Ya sea para crear una escultura o para construir un castillo de arena, lo importante es trabajar en ello.
El amor al trabajo. Este es el concepto que baraja los distintos escritos aquí propuestos. Son personajes que vienen de ámbitos muy distintos como la música, la pintura o la escritura. Y sin embargo todos coinciden en una misma idea. No es tanto el final, el objeto creado, sino el camino hacia ese objeto. Lo divino del objeto reside en su eficacia a la hora de construido. La pasión que uno derrame en lo creado se verá reflejado en el resultado final. La obra se nutrirá de ese estado al igual que un bebé se alimente dentro del vientre de su madre.
El trabajo constante. Otro de los mandamientos del artista. Fracaso tras fracaso, o éxito tras éxito el artista tiene que aprender a trabajar constantemente. Su trabajo es su día. Es parte de su forma de vivir. Al decidir tomar este camino, sabe que va a tener que llevar puesto el mismo traje para el resto de su vida. Porque uno no deja de ser artista nunca más. Cuando la sirena del arte susurra a su oído, la respuesta es rápida y sin reproches. Es inútil pelear como lo hizo Ulises pues estas sirenas no desaparecen nunca. Y lo peor de todo es que son igual de peligrosas, pues pueden llegar a matar.
Por ello el artista nunca deja de trabajar. Es su naturaleza, su inquietud. Le es imposible negar un hecho como el de respirar. Cuando una acción se convierte en necesaria, también implica todo el trabajo que trae consigo. Pero no nos equivoquemos, este trabajo no es pesado y arisco. Es uno de los grandes placeres y logros del artista. Él ya no ve esta llamada como un castigo. Lo ve como una divinidad. Sin él no sería capaz de existir.
En este punto nos volvemos a cuestionar, qué vale más. La obra de arte o el trabajo del artista. Veamos pues el texto de Juan Ramón Jiménez. Nos relata dos historias; la del Jardinero Sevillano y la del Mecánico Malagueño. Cuanta pasión puede una persona volcar en una acción insignificante para el ojo poco adiestrado. Como vamos a negarle el reconocimiento de artista a alguien que derrocha tanta alegría y dedicación en su trabajo. El artista trabaja con el mismo esmero y constancia que el jardinero. Y sin embargo el jardinero se deja el corazón en una maceta de hortensias. No hay creación más bella que la de la naturaleza, por lo tanto la obra de arte está aquí presente. Y el trabajo del artista se encuentra en las manos del jardinero. Ahora díganme si no desempeñan el mismo oficio. La única diferencia es que el jardinero no es consciente de su éxito y tal vez sea mejor así. Ha sufrido y ha vivido por un sentimiento que ni él mismo encuentra explicación. Sin embargo el artista sí busca ese sentimiento. Trabaja para el sentimiento. Su lucha diaria es para poder plasmar lo que una vez un jardinero sintió por unas hortensias.
Me es imposible no recordar el texto de Miguel de Unamuno “Adentro”, ya que está estrechamente ligado a estos pequeños ensayos. No importa cómo o cuando te reconozca el mundo entero, lo importante es seguir trabajando. Nadie puede frenarte una vez que has empezado. Pero lo más importante es que nadie puede decirte que está mal. Cuando uno vuelca todo su saber en una acción, no tiene reglas ni fronteras. Él mismo dicta donde acaba y donde empieza la línea. ¿Acaso hay mayor placer que el de una hoja en blanco? Así lo manifestó el gran escultor Jorge Oteiza. Un amante del trabajo.
No nos desanimemos. Siempre habrá algo más de lo que hablar. Más muros que derribar. Más obstáculos que obstruirán nuestro camino. Tenemos la fuerza necesaria dentro de nuestra cabeza, en nuestras manos. Nosotros traemos el pasado dentro, somos el presente y moldearemos el futuro. Sólo se necesita trabajar. No dejarnos engañar por lo banal. Por el término facilidad, tal y como apunta Auguste Rodin. Que no nos paren las locomotoras de la sociedad porque cuando se trabaja con el corazón, ya no existe lo que está bien o lo que está mal. Ya no es necesario saberlo. La propia creación tendrá vida propia. Y el artista no necesitará palabras para hablar, ni manos para apuntar. Su trabajo lo dirá todo.
Habrá un momento en el que no se distinguirá al artista de su trabajo. Se habrán fusionado, unido. Y ya nada volverá a ser lo que era.


2 comentarios:

  1. carmen dijo...

    qué lindo el escrito :)  

  2. Miguel Angel dijo...

    artista!  


 

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